Un pozo sin fondo
abril 8, 2010, 3:10 am
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 Un partido más sin ganar, un partido más sin convertir un gol, un partido más con final triste para los hinchas de River, que alientan y alientan sin parar.

La despedida del equipo mostró la realidad que hoy se vive -como ya hace un tiempo- en nuestra institución: los jugadores se meten en el vestuario con la cabeza gacha. La imagen final es la de Matías Almeyda con el corazón en la mano y la de Ariel Ortega que deja la cancha con las pizcas de magia que pudo aportar, pero que le alcanzó para ser el mejor.

Pero con ganas solamente no se hace nada, River necesita fútbol con urgencia. Y Leonardo Astrada lo sabe y lo dice constantemente, pero no logra encontrarlo.

A diferencia de lo que venía mostrando el equipo, esta vez se jugó un buen primer tiempo con dos o tres situaciones concretas –un remate en el travesaño de Mauro Díaz y algunas del Burrito-.

Sin embargo, el conjunto del Negro no fue capaz de sostener eso y en el segundo tiempo se aflojó, y Newell’s, que hizo muy poco, lo aprovechó y se puso en ventaja de la mano de Achucarro, quien después de un rebote impactó con su botín derecho la pelota, para que se termine metiendo por encima de Daniel Vega.

A partir de ese momento no se pudo dominar la situación y apareció la impotencia de siempre, ante los minutos que corrían más rápido que de costumbre. Porque a los rivales les alcanza con marcar solo un gol para frenar a River, para que termine de desaparecer.

Llegando a la última jugada, se pudo conseguir la igualdad pero nadie apareció para empujar el balón, nadie.

Ante un Monumental pidiendo un poco de fútbol, River se metió en el vestuario en silencio, sin levantar la mirada. Es que hace cuatro partidos  que el conjunto millonario no solo se va con cuatro derrotas consecutivas, sino sin siquiera poder convertir un gol. Hace rato que no se juega.

Astrada habló luego del partido en conferencia de prensa y enseguida aclaró: “Tengo que poner el pecho”, mientras que la gente, esa gente que alienta sin parar, los despidió con un “Váyanse, no roben más”

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